ⓘ Juan Bonifacio. Era hijo de Andrés Martínez y Catalina Benítez. Estudió tres años de gramática en Santiago de Compostela, uno de lógica en Alcalá de Henares y d ..

                                     

ⓘ Juan Bonifacio

Era hijo de Andrés Martínez y Catalina Benítez. Estudió tres años de gramática en Santiago de Compostela, uno de lógica en Alcalá de Henares y dos de retórica con otro de cánones en Salamanca 1554-1557. Empezó el noviciado jesuita en Medina del Campo, en 1557, y lo destinaron a enseñar gramática y retórica durante diez años. Y aunque el general Francisco de Borja le propuso estudiar teología en Salamanca, en 1567 pasó al colegio de Ávila, porque las humanidades se le daban mejor y estaba más tranquilo: "Haec est requies mea in saeculum saeculi. Hic habitabo quoniam elegi eam". En 1572 consiguió de Borja que no lo destinasen al colegio de Madrid. Inauguró los cursos de humanidades en Valladolid 1576 y volvió a Medina del Campo en 1592, y se retiró en el año 1600 a Villagarcía para darse intensamente la vida espiritual.

Componía obras dramáticas y autos sacramentales de fuerte impronta cristiana. En uno de ellos, representado en Medina durante la fiesta del Corpus en 1566," requebrábanse el esposo y la esposa ​

Sin embargo el autor posee una vívida conciencia social y moral, que le hace condenar la injusticia fuertemente; en sus versos asoma la indignación y la denuncia en pasajes como este, donde da un enfoque social al tópico del beatus ille:

Dichoso el labrador y afortunado / que vive sin cuidado y sin çoçobra, / teniendo menos obra y aparato; / mas yo no tengo un rato de reposo; / dezir apenas oso mis dolores: / estos grandes señores cortesanos, / crueles, inhumanos, pocas veces / os hablan sin doblezes; trabajamos, / la hiel de gana echamos; del salario / no pagan lo ordinario, aunque hazemos / todo cuanto podemos buenamente. / No hay quien los contente: luego riñen / la espada se desciñen aïrados, / ¡Oh, qué crueles hados! Buen servicio, / pequeño el beneficio. Ya corremos, / ya batallas tenemos, ya torneos; / en buscar los arreos se padeçe, / lo que al cuerpo enflaqueçe; no dormimos / si por la posta imos como agora. / ¡Cruel y fuerte hora en que ventura / me truxo a tal locura y desatino / que dexasse el camino que llevaba!.

Pero esto no es todo lo que escribió: se han perdido sus piezas Del trabajo, Del sabio afortunado y De la venta de José, y algunas églogas y poesías, que nombra en De sapiente fructuoso. Juan Bonifacio llega a pergeñar grandes y profundos caracteres, como el de Jezabel, y posee un realismo social que le otorga un valor suplementario.

                                     

1. Obras

  • Dança para el Santíssimo Sacramento, s. l., s. f., en Monumenta Historica Societatis Iesu, MonPaedagogica, 3-4
  • Christiani Pueri Institutio adolescentiaeque perfugium, Salamanca, 1575, Burgos, 1586
  • De Sapiente fructuoso. Epistolares libri quinque, Burgos, 1589