ⓘ Pedro de Peralta fue el gobernador español de Nuevo México entre 1610 y 1613, en los tiempos en que ese territorio era una provincia de Nueva España. Fundador d ..

                                     

ⓘ Pedro de Peralta

Pedro de Peralta fue el gobernador español de Nuevo México entre 1610 y 1613, en los tiempos en que ese territorio era una provincia de Nueva España.

Fundador de la ciudad de Santa Fe en 1610. En agosto de 1613 fue arrestado y encarcelado casi un año por el fraile franciscano Isidro Ordóñez. Liberado por el Virrey, ocupó otros altos cargos en la administración imperial española.

                                     

1. Trasfondo

El asentamiento de Nuevo México comenzó cuando Juan de Oñate, al mando de una expedición, ocupó el territorio en 1598, del que fue gobernador desde 1601 hasta 1609. En 1608, solo había 200 españoles, casi todos en San Gabriel, la capital, situada en la ribera occidental del Río Grande, frente a San Juan Pueblo. No se había encontrado oro ni plata y el virrey recibía malos informes sobre el trato a los indios y las penurias de los colonos. Debido a estos problemas, el 13 de septiembre de 1608 el Consejo de Indias recomendó formalmente el abando de Nuevo México. Sin embargo, poco después, Fray Lázaro Jiménez trajo la noticia de que unos 7.000 indios habían sido convertidos y bautizados en ese territorio. No se les podía abandonar, por lo que el rey Felipe III de España suspendió la orden de retirada de la colonia.

                                     

2. Gobernador de Nuevo México

Según una fuente, Don Pedro de Peralta era bachiller en derecho canónico, y además el registro de sus posesiones cuando fue arrestado incluía libros de leyes derecho. Poco después de que Peralta llegara de España, fue nombrado gobernador de Nuevo México por el virrey Luis de Velasco, marqués de Salinas, el 31 de marzo de 1609. Juan de Oñate había solicitado a Velasco que en compensación por sus esfuerzos en Nuevo México, su hijo Cristóbal le sucediera como gobernador. Pero Velasco le urgió a entregar el cargo y a retornar sin demora la Ciudad de México, en compañía de su hijo. Una expedición con suministros y refuerzos partió hacia el norte a finales de 1609. Peralta llegó la capital, La Villa de San Gabriel, a principios de 1610. Le recibió Oñate, quien partió hacia el sur a principios de febrero para dar cuenta de su administración. A Peralta le acompañó un séquito de doce soldados y ocho frailes franciscanos. Entre las instrucciones recibidas estaba la búsqueda del supuesto estrecho de Anián, en el que debería establecer un puerto seguro.

San Gabriel estaba alejado de los lugares habitados por los indios pueblo. Juan de Oñate había planeado trasladar la capital hacia el sur hasta el valle del río Santa Fe. Peralta eligió un sitio seguro, con mucha tierra disponible y un buen suministro de agua. Bautizó la ciudad con el nombre de Santa Fe. Él y su ayudante planearon la ciudad, incluidos los distritos, las parcelas de casas y jardines, y la plaza de Santa Fe para los edificios del gobierno. Estos incluían la sede del gobernador, dependencias para la administración, cárcel, arsenal y capilla. Acabada la plaza, en ella podrían caber "1000 personas, 5000 cabezas de ovejas, 400 cabezas de caballos y 300 cabezas de ganado sin amontonarse". El palacio, que fue construido para la defensa con paredes de adobe de tres pies de grosor, terminó siendo el más antiguo edificio público de los EE.UU. usado ininterrumpidamente desde su origen hasta nuestros días. Desde 1999 alberga el Museo de Nuevo México.

La iglesia asumió que el objetivo principal en Nuevo México era convertir a los indios, y que el poder civil estaba solo para dar protección y alcanzar ese objetivo. Como primer magistrado y jefe del ejército, el gobernador tenía poderes iguales pero objetivos diferentes, por lo que el enfrentamiento era inevitable. La iglesia alegaba que los frailes tenían el deber de proteger a los indios de los abusos cometidos por los soldados y civiles. Quizás para debilitar la posición de la iglesia, Peralta emitió ordenanzas estrictas que castigaban con prisión durante diez días a cualquier español encontrado culpable de abusar de un trabajador indio, además de una multa para compensar la víctima. Esto resultó contraproducente porque los indios pueblo deliberadamente provocaban altercados para conseguir el dinero de la multa.

Fray Isidro de Ordóñez, que había estado dos veces antes en Nuevo México, llegó con la expedición de suministros en 1612 al frente de nueve frailes franciscanos. Cuando llegó la misión más al sur, en Sandia Pueblo, escribió un documento que aparentemente lo convertía en Padre comisario o jefe de la iglesia en Nuevo México, aunque más tarde se dijo que el documento era falso. En Santa Fe, a pesar de las protestas de Peralta, Ordóñez proclamó que cualquier soldado o colono podría irse si lo deseaba. Ordóñez también acusó a Peralta de mal alimentar a los nativos que trabajaban en la construcción de Santa Fe. La lucha por el poder se enconó, y en mayo de 1613 Ordóñez excomulgó a Peralta, colgando el decreto en las puertas de la iglesia de Santa Fe.

El 12 de agosto de 1613, Ordóñez y sus seguidores arrestaron a Peralta y lo encadenaron y encarcelaron en la misión de Nuestra Señora de los Dolores, en Sandia. Su carcelero fue fray Esteban de Perea, quien obedeció a pesar de no estar de acuerdo con su superior. Ordóñez asumió todo el poder civil y religioso en Nuevo México hasta que llegara el nuevo gobernador temporal, don Bernardino de Ceballos, en el verano de 1614. A Peralta no se le permitió partir hasta noviembre de 1614, después de que Ordóñez y el nuevo gobernador tomaran la mayoría de sus posesiones. Este fue el comienzo del enfrentamiento entre los frailes y la administración secular, que empeoró con el tiempo hasta el punto que, en 1620, el propio rey tuvo que intervenir poniéndose del lado de sus gobernadores. Bernardino de Ceballos sucedió a Peralta en el cargo de gobernador.

                                     

3. Carrera posterior

Peralta regresó la ciudad de México y contó su versión de la disputa con Ordóñez. La Inquisición mexicana desaprobó el proceder de Ordoñez y le ordenó que retornara la ciudad de México. Peralta fue absuelto de los cargos contra él y al poco nombrado alcalde mayor del puerto de Acapulco. Más tarde Peralta se trasladó a Caracas, en lo que hoy es Venezuela, donde se ocupó del tesoro real en la década de 1640 y principios de 1650. Se casó en Caracas en 1637. En 1654 renunció a sus cargos y volvió a España para vivir retirado en Madrid hasta su fallecimiento en 1666.