ⓘ Eugenia Martínez Vallejo, apodada la Monstrua, sirvió en la corte de Carlos II como persona de placer y fue retratada por el artista Juan Carreño de Miranda en ..

                                     

ⓘ Eugenia Martínez Vallejo

Eugenia Martínez Vallejo, apodada la Monstrua, sirvió en la corte de Carlos II como persona de placer y fue retratada por el artista Juan Carreño de Miranda en los cuadros La monstrua vestida y La monstrua desnuda.

                                     

1. Primeros años

Martínez nació en la localidad de Bárcena de Pienza, de la Merindad de Montija en 1674. Sus padres fueron Antonia de la Bodega y José Martínez Vallejo. ​

                                     

2. Llegada la corte

El aspecto grotesco y deforme hacía que pasara a ser objeto de burla la que había sido considerada al principio una niña sana y con buena estrella. Sus vecinos se burlaban de ella, y eso hizo que sus padres la mantuvieran oculta; a pesar de lo cual, su fama llegó la corte.

Carlos II mostró su magnanimidad con ella y la llamó a su lado para incluirla entre los servidores conocidos como gente de placer. Este grupo estaba formado por locos, bufones, enanos y gente deforme, de los que entonces se rodeaban los reyes. A pesar de servir en palacio, no estaban incluidos en ninguna nómina, vivían de las mercedes y magnanimidad de los señores, por lo que es muy difícil seguirlos en sus biografías. Dejaron, eso sí, como es el caso que nos ocupa, una importante huella en el arte, y por lo general tenían cubiertas todas sus necesidades en palacio. ​

Eugenia era blanca y no muy desapacible de rostro, aunque lo tiene de mucha grandeza. La cabeza, rostro y cuello y demás facciones suyas son del tamaño de dos cabezas de hombre; su vientre es tan descomunal como el de la mujer mayor del mundo a punto de parir. Los muslos son en tan gran manera gruesos y poblados de carnes que se confunden y hacen imperceptible la vista su naturaleza vergonzosa. Las piernas son poco menos que el muslo de un hombre, tan llenas de roscas ellas y los muslos que caen unos sobre otros, con pasmosa monstruosidad y aunque los pies son a proporción del edificio de carne que sustentan, pues son casi como los de un hombre, sin embargo, se mueve y anda con trabajo, por lo desmesurado de la grandeza de su cuerpo.

                                     

3. Eugenia y el síndrome de Prader-Willi

El doctor Gregorio Marañón apuntó que la enfermedad de la niña podría ser el primer caso conocido del síndrome de Cushing, lo que atestiguaría su cara de luna llena propia de este padecimiento. ​

                                     

4. La Monstrua en Avilés

La ciudad de Avilés rindió homenaje a su ilustre hijo, Carreño de Miranda, con la reproducción en bronce de uno de sus personajes más famosos: La monstrua vestida. Se trata de una escultura de Amado González Hevia, Favila, situada en el barrio marinero de Sabugo desde 1997. ​