ⓘ Luis Ibaraki. Marzo 9: San Luis Ibaraki, Mártir japonés, Terciario Franciscano. Canonizado por Pío IX el 8 de junio de 1862. Luis Ibaraki, de Nagasaki, niño de ..

                                     

ⓘ Luis Ibaraki

Marzo 9: San Luis Ibaraki, Mártir japonés, Terciario Franciscano. Canonizado por Pío IX el 8 de junio de 1862.

Luis Ibaraki, de Nagasaki, niño de apenas once años, es como la obra maestra pedagógica de la escuela de San Pedro Bautista y de sus cohermanos. Huérfano de padre y madre, había vivido con sus tíos, que lo habían acogido en casa como hijo. Luego fue encomendado a los santos León Karasuma y Pablo Ibaraki, que fueron sus preceptores. Deseando hacerse franciscano y sacerdote, fue recibido en el seminario. Fueron sus grandes amigos y colegas de martirio San Antonio de Nagasaki, de trece años, y Santo Tomás Kosaki, de quince. Sereno, cordial, afable, pasó como un meteoro de luz. Vivió como un ángel. Siempre el primero en la oración, era acólito y cantor, servía con fervor en la santa Misa. Enseñaba catecismo a los niños menores que él. San Pedro Bautista se dio cuenta rápidamente de la óptima índole del muchacho y lo mantenía siempre consigo en las celebraciones litúrgicas y en las obras de asistencia y de evangelización. Su fervor suscitaba admiración en los mismos paganos. A un noble que quiso apartarlo de su fe, le respondió:" Nunca me apartarás de mi fe, que está muy arraigada en mí; más bien, ¿por qué no te haces cristiano tú? Encontrarías el secreto de la felicidad!”.

El 3 de enero de 1597 comenzó el difícil viaje hacia Nagasaki. En varias ciudades fue expuesto con los demás la burla del pueblo: pero mucha gente mostraba simpatía por los mártires, en especial por el muchacho. En Corazu, por el camino hacia Nagasaki, el gobernador Fazamburo trató de convencer a Luis a abandonar la fe y le ofreció riquezas y honores a cambio de su fe, él le respondió que estaba feliz de poder renunciar a su vida y morir por Jesús. En los últimos días lo asistieron los padres Francisco Pasio y Juan Rodríguez.

Rechazó un nuevo asalto del gobernador que lo provocaba a renegar de Cristo a cambio de la vida y de las riquezas. Le respondió:" Yo de ninguna manera abandono a este Cristo que me está abriendo las puertas del cielo y me envía sus ángeles para ponerme en la cabeza una corona de fúlgida gloria. Quédate con tus riquezas que no quiero, yo me contento sólo con las del cielo”.

Llegados la Santa Colina de Nagasaki, besó la cruz en que había de ser atado y martirizado. Recitó con Antonio y Tomás el salmo:" Alabad niños al Señor – Laudate pueri Dominum.”. Antes de ser atravesado por las lanzas de los soldados, gritó:" Paraíso! Paraíso!”.