ⓘ Hacienda Quilpué. La hacienda Quilpué fue una hacienda que a fines del siglo XIX existía en el Valle del Aconcagua, a pocos kilómetros del centro de la ciudad d ..

                                     

ⓘ Hacienda Quilpué

La hacienda Quilpué fue una hacienda que a fines del siglo XIX existía en el Valle del Aconcagua, a pocos kilómetros del centro de la ciudad de San Felipe. Su funcionamiento entre 1892 y 1895 se conoce con mucho detalle debido al hallazgo, en una casa campesina, de unos antiguos cuadernos de cuentas que reflejan esta materia. ​ En esa época era propiedad de la filántropa chilena Juana Ross, viuda de Agustín Edwards Ossandón, también tío suyo y fundador del Banco de A. Edwards.

                                     

1. Propietarios y propiedades

A mediados del siglo XVII, en un decreto de la Real Audiencia que fijaba los límites de la jurisdicción del alcalde de San Felipe, se menciona como deslinde "por el norte, la Estancia de Quilpué, perteneciente al Convento de Nuestra Señora de La Merced". ​

                                     

2. La propiedad

De acuerdo al reavalúo realizado en 1896, Quilpué era la hacienda más rica de la provincia de Aconcagua. Disponía en ese tiempo de 3920 hectáreas, casi todas planas, a escasas cuadras de la plaza de San Felipe. De estos terrenos, 1068 hectáreas eran de riego. ​ El arquitecto creador del palacio, Juan Eduardo Fehrman, es también autor del Palacio Edwards, en Santiago de Chile.

Las casas formaban el núcleo en torno al cual giraba la vida de la hacienda. En el censo de 1813, el poblado de pequeños agricultores adyacente de Encón y la hacienda como tal aparecen con 903 almas, entre ellos 98 inquilinos, 7 esclavos negros y 134 indios, entre hombres y mujeres. A fines del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, el distrito aparece con un total del orden de 1500 personas, de las que aproximadamente la mitad viven en la hacienda misma y la otra en las pequeñas propiedades de los alrededores. Hacia fines del siglo XIX, las casas de los inquilinos aún eran ranchos de quincha y paja, mientras se iniciaba la construcción de casas mejoradas "de ladrillos y tejas".

                                     

3. La producción

La hacienda Quilpué era una gran propiedad con múltiples y diversos recursos. Del análisis de los registros contables recientemente hallados se desprende que se trataba de una gran red multiproductiva con un alto nivel de autosuficiencia.

En 1892, la hacienda producía trigo, en alrededor de 100 hectáreas sembradas, empleando en ello gran número de trabajadores, aunque ya se usaba maquinaria a vapor para la trilla y el enfardado de la paja. Este trigo se enviaba directamente a Valparaíso para su exportación. Otro producto importante era el pasto aprensado, las llamadas colisas de alfalfa, que se vendían para abastecer el tiro animal de la movilización y el transporte de las ciudades de Santiago y Valparaíso. Aparte de estos dos rubros fundamentales, la viña era la base de la preparación de chichas, chacolíes y aguardientes. En esos años, los propietarios trajeron a un vinatero francés para empezar a mejorar la calidad de la producción. Además había chacras, un huerto que provee de hortalizas, un olivar y varios huertos frutales. Se producía uva de mesa para la exportación. Como en toda la zona de San Felipe, había plantaciones de cáñamo, cuyo producto se vendía a las fábricas de la zona. Se criaba y engordaba ganado vacuno y ovejuno. La hacienda era afamada por la calidad de sus caballos. Entre los productos que salían la venta se cuentan el charqui, huesillos, carbón de espino, maderas, leña, cueros curtidos. En la hacienda había una fragua, un taller de herramientas y todo lo necesario para fabricar y reparar utensilios de trabajo agrícola. También contaba con un taller mecánico a cargo de un técnico inglés. Había albañiles y carpinteros, pircadores, se fabricaban ladrillos y tejas. La hacienda era, muy de acuerdo al modelo de las factorías jesuitas, un "engranaje de actividades fuertemente autosubsistentes, multiproductivas, donde se combinaba la producción primaria con el arte, la artesanía o la elaboración de los productos". ​



                                     

4. El año

El ciclo anual del predio comenzaba en mayo. Con las cosechas terminadas y la vendimia concluida, se vendían las primeras chichas. Se compraban reservas complementarias para "la despensa" de "las casas" y para la "ración" de los inquilinos y peones. Se organizaba la guarda de cebollas, zapallos y ají. Se les cobraba el "arriendo" alquiler a los inquilinos, que ya habían vendido entonces su cosecha. Se rodeaba y se "bajaba" a los animales que habían pasado el verano en las "veranadas" de la cordillera. ​

                                     

5. El inquilinaje

Los inquilinos formaban la parte más estable de la población de la hacienda. Los libros contables registran 69 posesiones, a las que se deben agregar a sotas, mayordomos y trabajadores especializados, que gozaban de derechos semejantes, aunque no aparecían explícitamente como inquilinos o arrendatarios. Junto a familiares, allegados y forasteros diversos, esto significaba una población permanente de unas 800 personas al interior de la hacienda. Los derechos del inquilino abarcaban una cuadra de tierra para siembras, la casa y el huerto, así como, en el caso de los "inquilinos de a caballo", el talaje para su animal de trabajo y para un vacuno adicional, con permiso especial de la administración. Los inquilinos recibían además la ración diaria de porotos y frangollo de los peones, así como dos veces al día la galleta de pan de 480 gramos. La superficie total destinada a estas regalías alcanzaba a casi un quinto de las tierras de riego del predio. Estas eran tierras "cautivas", en el sentido de que no podían destinarse la producción para el mercado. El alquiler se pagaba anualmente, en montos muy variables y muchas veces con atraso. Sin embargo, el monto de los ingresos anuales de la hacienda por este concepto no era despreciable, correspondiendo aproximadamente al 1% de la renta anual del predio. ​

                                     

6. La administración

La administración de la hacienda era encabezada por el administrador general, una persona de apellido extranjero, que no solo representaba, sino que suplantaba al propietario en su ausencia. Vivía en "las casas" y compartía servicios personales con la familia propietaria. No consta que haya tenido derechos de tierra, ni que haya llevado a cabo labores agrícolas ni negocios por su cuenta. ​



                                     

7. Los peones

La "peonada" era la masa laboral de la hacienda. En parte se trataba de los peones obligados que ponía cada casa de inquilinos. En Quilpué, la "obligación" para cada casa de inquilinos consistía en "echar un peón", es decir, poner a disposición a un trabajador por la paga y la ración, sin derechos de tierra. En general no era el "inquilino titular" sino que se trataba de parientes cercanos. Aparte de estos peones "internos" existía la peonada afuerina, consistente a su vez en dos tipos: los unos, provenientes de las cercanías, trabajaban casi todo el año en la hacienda, mientras que los otros, "temporeros", llegaban para las cosechas y venían de lejos. En Quilpué existían en esa época unos ranchos de paja donde se alojaban los forasteros. Pero la estacionalidad de la demanda de mano de obra era tan grande que en los momentos álgidos de la cosecha muchos afuerinos vivían de cualquier manera en las orillas de los campos. ​

                                     

8. La hacienda como forma de acumulación "originaria" permanente

Lo que caracterizó a este tipo acumulación de riqueza es que nunca hubo aporte o adelanto de capital, y por lo tanto tampoco hubo ganancias. Se trata de lo que el análisis marxista denomina acumulación originaria. Aquí, salvo excepciones, nadie compró la tierra, nadie adelantó capital variable para financiar la mano de obra, la que se pagaba con frutos de la misma tierra, con derechos precarios, en un contexto de formas precapitalistas de trabajo y de renta precapitalista. ​

                                     

9. En la Reforma Agraria

En 1966, ante la inminente aprobación de la segunda Ley de Reforma Agraria (ley 16640, ​