ⓘ Cristobalina Fernández de Alarcón. Fue hija natural, pero reconocida, del escribano público Gonzalo Fernández Perdigón, quien le dejó en herencia la quinta part ..

                                     

ⓘ Cristobalina Fernández de Alarcón

Fue hija natural, pero reconocida, del escribano público Gonzalo Fernández Perdigón, quien le dejó en herencia la quinta parte de todos sus bienes, según testamento otorgado el 6 de mayo de 1597. Su familia era pudiente y su tía Beatriz de Rivera pudo dispensarle una excelente educación gramatical y latina con preceptores como Bartolomé Martínez y Juan de Aguilar, de forma que pasó a formar parte del colectivo femenino de humanistas que Quevedo llamó despectivamente "hembrilatinas", junto con Luisa Sigea, Francisca de Nebrija, Luisa de Medrano y Beatriz Galindo, entre otras; dentro de ellas fue la poetisa más importante e influyente.

En 1591 contrajo un primer matrimonio con el comerciante malagueño Agustín de los Ríos en Santa María, del que enviuda en 1603; luego celebró sus segundas nupcias en 1606 con el estudiante de ascendencia portuguesa Juan Francisco Correa, con quien tendría cuatro hijos: María, Manuela, Ana y Francisco. No se conserva toda su obra. Ganó diversos certámenes literarios, lo que le valió las críticas airadas de Francisco de Quevedo y de Luis de Góngora. De su abundante obra, sin embargo, no más han subsistido quince poemas.

Sostuvo una relación platónica con el poeta de la Escuela antequerano-granadina Pedro de Espinosa, que le inspiró su "Canción amorosa" y aparece en sus versos con el nombre de "Crisalda"; despechado, Pedro De Espinosa se hizo sacerdote y se retiró la ermita de la Magdalena tras el segundo matrimonio de la escritora. Con su segundo marido vivió en Estepa entre 1614 y 1616, trabajando para el marqués de Estepa. Enviudó por segunda vez y se trasladó de nuevo a Antequera con una de sus hijas. Cultivó temas religiosos y místicos, pero también los profanos, ganando numerosos premios en justas y certámenes poéticos con sonetos, quintillas y comedias en verso. Cuando Lope de Vega llegó a Antequera en 1602, la visitó y la alabó como la "musa antequerana" o la "sibila de Antequera" en su Laurel de Apolo.

En 1615 escribió su poema más famoso para celebrar la beatificación de Santa Teresa de Jesús, premiada en unas justas poéticas en Córdoba en 1616. Está sepultada en la parroquia de San Sebastián de su Antequera natal.