ⓘ Convento del Carmen, Guadalajara. El convento-iglesia de Nuestra Señora del Carmen y Santos Reyes de la Epifanía fue uno de los últimos conventos que se constru ..

                                     

ⓘ Convento del Carmen (Guadalajara)

El convento-iglesia de Nuestra Señora del Carmen y Santos Reyes de la Epifanía fue uno de los últimos conventos que se construyeron en Guadalajara. Completa la nómina de los catorce que a partir de la década de los treinta del siglo XVII convirtieron la ciudad en una población casi conventual.

                                     

1.1. Historia Fundación y construcción

Como todos los conventos de esta época, el origen del convento del Carmen es una donación testamentaria del licenciado Baltasar Meléndez, cura beneficiado de la iglesia de San Nicolás a los carmelitas descalzos para que se establecieran en Guadalajara y fundaran en ella un colegio de la Orden. El legado ascendía, en dinero y hacienda casas y tierras, a casi 100.000 ducados. ​ pero comenzó su decadencia a finales de este siglo, prolongada hasta el momento de su exclaustración en que solamente quedaban nueve frailes sacerdotes, tres subdiáconos, un diácono, doce coristas y siete legos.

                                     

1.2. Historia Abasto de agua y vino

Desde el principio, el convento tuvo problemas de abastecimiento, sobre todo de agua y vino. Para el vino, dependía de en sus cosechas exteriores, pero no podía introducir su producto en la ciudad sin licencia del Concejo, para lo cual tenía que pedir permiso un año tras otro. El Concejo siempre exigía que fuera para uso propio, nunca para la venta. De esta forma en los años 1660, llegaron a pedir la entrada de 1500 cargas de uva lo que venía a suponer unas 1500 arrobas de vino que, junto con el vino que producían dentro del término de la ciudad, cubría sus necesidades anuales.

En cuanto al abastecimiento del agua, ya en 1637, el colegio del Carmen descalzo, solicita del Ayuntamiento licencia para buscar agua, comprometiéndose a traerla, dejando pozos y cajas, entrando por la puerta Mercado y siguiendo por el camino que va la ermita del Amparo. Si sobraba agua, la dejarían para la ciudad construyendo y alimentando una fuente pública en la puerta Mercado. Se les concede pero no se lleva a efecto la obra en estos momentos, quizá porque en sus propiedades del Sotillo de donde procedía el agua que llegaba a las fuentes de la ciudad y a los conventos y particulares no encontraron agua en cantidad suficiente para rentabilizar la obra.

Posteriormente, los carmelitas compraron en el pago del Sotillo a Bernardo de Borja, regidor de Guadalajara, la finca del Haza del Carmen, en la que brotaban abundantes manantiales. Por ello, en 1660 volvieron a pedir la autorización para la conducción de agua hasta el convento. La obra afectaba a otras conduciones, unas establecidas de antiguo como las de San Francisco, las de los duques del Infantado y las de la ciudad misma; otras más modernas, como las que llevaban agua a los conventos de la Concepción, de la Compañía de Jesús, de Santo Domingo y del Carmen y las casas de particulares, por lo que tuvieron que llegar a un acuerdo para llevarla a cabo y que todos se beneficiaran.

La nueva conducción de agua llegaba desde el Sotillo hasta el arca de San Roque y desde allí partía la actual calle del Amparo para entrar por la puerta del Mercado y llegar al Carmen. En este camino proporcionaba agua al convento de Santo Domingo, la nueva fuente de la Soledad, extramuros de la ciudad, con un lavadero, y la fuente de la Puerta Mercado. Se construyó un arca en las tapias del colegio del Carmen y desde allí se distribuía el agua en tres ramales: uno que entraba en la huerta de los carmelitas, otro que descendía por la calle del Matadero hasta la fuente de Don Pedro y el convento de San Antonio, sustituyendo al anterior conducto procedente de la concatedral de Santa María, y el tercero que, atravesando la plaza del Jardinillo, daba agua la compañía de Jesús y abstecía al convento de la Concepción y a los particulares que había de camino. Esta obra se soncluyó en 1664.

                                     

1.3. Historia Fin del convento

La desamortización de Mendizábal supuso el final de los carmelitas en el convento, que fue asaltado y los monjes tuvieron que defenderse a tiros hasta que pudieron desalojar el edificio. El edificio fue desmantelado y utilizado para depósito de quintos y sus altares e imágenes fueron vendidas, la mayor parte a pequeñas iglesias en pueblos cercanos.

A mediados del siglo XIX fue cedido a las monjas concepcionistas franciscanas de Sor Patrocinio, la monja de las llagas, consejera de Isabel II de España, que siguen ocupando en la actualidad el ala izquierda, compartiéndolo con otra comunidad de monjes también franciscanos que ocupan el ala derecha.