ⓘ Combate de Perdriel. En el Combate de Perdriel, librado el 1 de agosto de 1806 a 20 km de la ciudad de Buenos Aires, las tropas británicas vencieron y dispersar ..

                                     

ⓘ Combate de Perdriel

En el Combate de Perdriel, librado el 1 de agosto de 1806 a 20 km de la ciudad de Buenos Aires, las tropas británicas vencieron y dispersaron a una pequeña división de voluntarios de milicias, inferior en número, armamento, organización y entrenamiento. Sin embargo, al ser incapaces de eliminar por completo las fuerzas reunidas en la campaña no pudieron evitar su reunión con el ejército que al mando de Santiago de Liniers reconquistaría la ciudad pocos días después poniendo fin la primera invasión inglesa al Río de la Plata.

                                     

1. Antecedentes

Tras la captura de Buenos Aires por parte del ejército británico muchos de los voluntarios se negaron a aceptar la rendición se ocultaron en las quintas y en los campos, mientras en la ciudad se organizaban algunos focos de resistencia.

Dice el coronel José Melián en sus Apuntes Históricos: "Pronto encontramos un caudillo. Don Juan Martín de Pueyrredón nos pasó la palabra, que al instante halló eco en todos nuestros amigos. Nos alistamos más de 300 que debíamos reunirnos armados en un día dado en la Chacarita de los Colegiales. Desde allí nos sería fácil conmover la campaña."

                                     

1.1. Antecedentes Montevideo 9 al 17 de julio

Comisionado secretamente por el cabildo de Buenos Aires, el 9 de julio Pueyrredón pasó la Banda Oriental junto a su socio y amigo Manuel Andrés Arroyo y Pinedo y a Diego Herrera. El 14 llegó a Montevideo y se reunió con su gobernador Pascual Ruiz Huidobro, sumándose luego el capitán de navío Santiago de Liniers quien arribó el día 16.

Pueyrredón recibió el encargo de volver a Buenos Aires para organizar fuerzas voluntarias de apoyo y juntar caballadas y víveres para la fuerza principal que partiría de Montevideo al mando de Liniers. El 17 regresó con Arroyo y Diego Herrera y tras desembarcar en San Isidro con la ayuda principal de Herrera encaró su misión de levantar la campaña.

                                     

1.2. Antecedentes Luján 18 al 30 de julio

Luján fue el centro de reunión elegido. Allí convergieron también las fuerzas de Blandengues de los fuertes de Chascomús, Salto, Rojas y Luján y de paisanos y peones de San Isidro, Pilar, Morón, Navarro, Exaltación de la Cruz, y otras poblaciones de la zona.

El comandante Antonio de Olavarría, responsable del regimiento de Blandengues, marchó a unirse con Pueyrredón con sus hombres y dos pedreros de a 2 traídos de los fortines de la frontera.

Muchos de los paisanos respondían a caudillos o hacendados de quienes eran clientes. Pueyrredón asistía a sus milicianos con sus propios recursos y con los suministrados por el asturiano Diego Álvarez Barragaña, cubriendo los jornales de 4 y medio reales con que se los compensaba por el trabajo perdido.

El capitán Manuel Luciano Martínez de Fontes mencionaría tiempo después que reunió y costeó una fuerza de 200 hombres que llevó a Luján para entregarlos al comandante Olavarría, montando muchos en caballos de su propiedad. ​

Confiando en no haber sido detectados y contando con días para el arribo de Liniers y el inicio de la campaña, los hombres recibieron permiso para ausentarse y muchos se dirigieron la ciudad. De los restantes, solo unas pocas decenas contaban con armas de fuego.

El entrenamiento y organización de las milicias era prácticamente inexistente. Los voluntarios respondían fundamentalmente a su caudillo y se carecía de oficiales y suboficiales que los dirigieran. Incluso el mando superior era confuso: si bien Juan Martín de Pueyrredón contaba con el encargo del Cabildo y el mandato de Huidobro, no tenía jerarquía militar alguna, mientras que Olavarría era militar de carrera y comandaba a las únicas tropas veteranas, que por otra parte constituían hasta el momento el grueso de la división. Esto se tradujo en la división de hecho de las fuerzas. Mientras los voluntarios de Pueyrredón permanecían acantonados en el casco de la chacra, las fuerzas de Olavarría permanecieron separadas al noroeste de la posición, cercanos al río de las Conchas y en lo que sería la retaguardia ante un avance británico desde Buenos Aires.



                                     

2. El ataque 1 de agosto

Desde mediados de julio el comandante inglés William Carr Beresford sabía que se conspiraba y desde el 20 de ese mes que Pueyrredón reunía voluntarios en la campaña. Esa misma noche del 31 de julio, mientras disfrutaba con sus oficiales de una función en el Teatro de la Comedia, recibió informes confirmando la reunión de tropas en Perdriel. Dispuso de inmediato que parte de las fuerzas quedaran acuarteladas en estado de alerta y otras, al mando del coronel Denis Pack, jefe del regimiento 71 Highlanders, se aprestaran a marchar.

El avance inglés

En la medianoche del 31 de julio al 1 de agosto, la columna británica al mando de Beresford con entre 500 y 600 hombres del Regimiento 71 y seis piezas de artillería volante inició su marcha reservada y cautelosamente, oficiando de guía el criollo Francisco González. ​

                                     

3. Consecuencias

El número de bajas en ambos bandos fue bajo. En un informe remitido a Liniers a fines de agosto por los voluntarios catalanes se evaluaba el encuentro de Perdriel como un triunfo, dando como cifras de bajas veinte británicos muertos y diez heridos, y solo tres muertos y cuatro heridos entre los defensores.

Si bien Beresford quedó dueño del campo, el encuentro no lo favorecía, no solo por la relativa disparidad de bajas, sino por el fracaso estratégico de la operación: la intención de fijar y derrotar en campo abierto a las fuerzas de campaña sublevadas no se había podido cumplir al retirarse los blandengues y retirarse el grueso de las milicias.

Dice al respecto Gillespie: "La dispersión de su ejército en Perdriel, el 2 de agosto, tuvo un efecto evidente en los sentimientos de todos los rangos durante los tres días siguientes. Fueron desusualmente civiles, pero después de saber que ninguna pérdida seria había resultado, cada uno asumió un grado de insolencia desdeñosa, exigiendo la vereda y otros ejemplos de pequeño insulto. Un día el teniente Sampson, del cuerpo de Santa Helena, mientras pasaba por una de estas pulperías, vio a algunos de esos sujetos precipitarse para arrancar el mosquete del centinela, lo que consiguieron, y él fue peligrosamente apuñealeado en el acto de ayudar al soldado. Se hacían amonestaciones sin resultado, pues en todas las denuncias al poder civil, unos pocos encogimientos de hombros y lindas promesas para librarse del importuno eran los únicos sustitutos del remedio eficaz".

Finalmente Liniers desembarcó el 6 de agosto en Las Conchas en inmediaciones de la desembocadura del Río Reconquista. Allí Pueyrredón solo pudo sumar 33 hombres. Las fuertes lluvias caídas entre el 4 y el 8 retardaron la unión del ejército de Pueyrredón hasta el día 9, donde "ese actual Franklin de su país, llevó consigo no solamente su fuerza primitiva, sino un gran refuerzo de catalanes de Montevideo." ​

                                     

4. Épica

Pantaleón Rivarola 1754-1821 en su Romancero de las invasiones inglesas 1806-1807 escrito tras la derrota de las invasiones, dedica unos versos la batalla: