ⓘ Vicente Benavides Llanos fue un militar chileno, perteneciente al bando realista. Caudillo de los últimos reductos realistas durante la Guerra de Independencia ..

                                     

ⓘ Vicente Benavides

Vicente Benavides Llanos fue un militar chileno, perteneciente al bando realista. Caudillo de los últimos reductos realistas durante la Guerra de Independencia de Chile.

                                     

1. Antecedentes biográficos

Vicente Benavides nació en el tradicional pueblo de Quirihue Provincia del Itata, alrededor de los años 1777 y 1787. Hijo de Toribio Benavides, alcalde de la cárcel del pueblo, y María Isabel Llanos, adquirió sus primeras letras bajo el amparo de este pueblo, donde se desempeñó desde muy joven como funcionario del Real Estanco de Tabacos, encargado de transportar sus caudales entre los pueblos del sur y Santiago.

La revolución de 1810 lo sorprendería en este último punto enrolándose, al igual que tantos otros, en el mítico regimiento Granaderos de Chile. En este último alcanzó el grado de sargento, participando luego en la división auxiliar enviada a los patriotas de Buenos Aires 1811 bajo la dirección del coronel Pedro Andrés del Alcázar.

                                     

2. Los inicios de la guerra

De regreso en Concepción, figura como sargento de los Húsares de la Gran Guardia 1813, bajo las órdenes del joven José Miguel Carrera. Sin embargo, es durante este periodo cuando deserta de las filas patriotas, al parecer, influido por los malos tratos que le habrían infligido los hermanos de este último, bien por el delicado estado que asumía la guerra en ese mismo momento.

Lo cierto fue que, a principios de otoño, fue capturado por los patriotas en la batalla de Membrillar 20 de marzo de 1814, siendo luego trasladado al norte, en espera de su inminente ejecución. Bajo estas circunstancias, el 4 de abril de 1814, logró librarse de sus captores la altura del río Achibueno –al sur de Linares–, en medio de un catastrófico incendio cuya autoría aún se discute. Una situación no menor, si se considera la frustración de los planes de estos últimos de querer atacar por sorpresa al enemigo la misma noche del atentado. ​

                                     

3. Una álgida carrera

Durante el periodo de restauración monárquica 1814-1817, Benavides se mantuvo sirviendo en el Batallón Concepción, guarneciendo por algún tiempo el puerto de Valparaíso, desde donde es finalmente transferido con destino la ciudad de Concepción. Allí, en el verano de 1816, contrajo matrimonio con una dama de orígenes aristocráticos, la bella doña Teresa Ferrer y Santiváñez Roa, hija de Pedro Ferrer, intendente de Concepción y posiblemente de María Santiváñez Roa, quien murió en 1860 tras años de una solitaria y oculta viudez en Concepción. ​

                                     

4. La gestación del caudillo

Bajo las órdenes del argentino Antonio González Balcarce, comandante de la Segunda campaña al sur de Chile, Benavides se dirigió a continuar la guerra en el sur, destacándose en la toma de la Isla de La laja y otros puntos aledaños, hasta ese momento controlados por los realistas. Es a partir de este lento avance hacia La Frontera cuando Benavides rompe su situación pactada con San Martín, reintegrándose al ejército realista en el preciso momento en el que Sánchez dejaba la región rumbo a Valdivia, dejándolo al mando de la población civil y una pequeña partida de 50 hombres, con los cuales se pretendía hacer frente al ejército patriota.

Ciertamente, no resulta fácil comprender las motivaciones que llevaron a Benavides a esta última acción, no obstante, se cree que tanto los ánimos de venganza, como las posibilidades de elevar su posición militar lo convencieron de asumir esta difícil tarea. Al respecto, conviene citar un breve extracto de una carta dirigida a su amigo y compañero de armas, José María Zapata, quien en ese momento se hallaba preparando refuerzos entre los pehuenches cordilleranos:

A partir de entonces, Benavides quedaría al mando de la guerrilla realista de la frontera, mediante la cual reforzó las posiciones españolas a fin de retardar a toda costa el avance patriota, tanto al interior del país como hacia el Virreinato del Perú, destino hacia donde se preparaba la inminente Expedición Libertadora. Rápidamente reunió unos 1.700 hombres a los que se sumaron miles de lanzas, ​



                                     

5. La Guerra a Muerte

Se produce entonces una paridad de fuerzas, frente la cual se suceden una serie de batallas que invariablemente arrebataron la victoria a uno y otro bando. La insuficiencia militar de la hueste realista se vio compensada, en parte, por las comunicaciones que logró entablar Benavides con el Virrey Joaquín de la Pezuela, quien le confiriere el grado de teniente coronel y la autoridad para otorgar nuevos grados a su improvisado ejército fronterizo. ​

                                     

6. La quimera

A partir de entonces, Concepción vuelve a manos de los realistas 2 de octubre de 1820. En su mejor momento Benavides logró unificar bajo su mando las fuerzas de varios guerrilleros realistas, gracias a su victorias muchos prefirieron quedar bajó su mando, por lo que al momento de tomar Concepción sus fuerzas alcanzaban los 1.751 tropas regulares y 2.400 milicianos. ​ La inseguridad y la discordia generada en torno a su persona le hacen finalmente abandonar la región, embarcándose junto a un grupo de cercanos rumbo al Perú, sin tener cuenta clara del objetivo del viaje ni la viabilidad del mismo. Tampoco contaban con los recursos necesarios para emprender una travesía de esas magnitudes, pese a lo cual consiguen armar una pequeña embarcación con la que logran llegar hasta la altura de Topocalma. Allí deciden descender para aprovisionarse de agua y alimentos; no obstante, son delatados a los lugareños por uno de los tripulantes, a instancias de nueva conspiración contra Benavides, esta vez gestada al interior mismo de la barcaza.



                                     

7. El fin de la aventura

Rápidamente, las autoridades locales dispusieron el apresamiento de toda la tripulación, siendo cautelosamente conducidos a Santiago, donde llegaron el 13 de febrero de 1822. Ese día Benavides entraba por la alameda de la ciudad, rumbo la cárcel pública, sufriendo vejatorias humillaciones por parte del pueblo y la oficialidad. A continuación, le sería seguido un breve juicio, en el cual fue condenado la pena máxima, mientras que sus acompañantes fueron reducidos a penas de prisión y otras penas aflictivas. ​