ⓘ Nacionalismo español. El nacionalismo español es el movimiento social, político e ideológico que conformó desde el siglo XIX la identidad nacional de España. ​ ..

                                     

ⓘ Nacionalismo español

El nacionalismo español es el movimiento social, político e ideológico que conformó desde el siglo XIX la identidad nacional de España. ​

No es propiamente un nacionalismo irredentista: la única reivindicación territorial identificada como" nacional” ha sido Gibraltar desde el siglo XVIII; el resto de las reivindicaciones territoriales han sido históricamente las coloniales o imperiales durante el siglo XIX contra la independencia de Hispanoamérica y en el siglo XX sobre el Magreb. Tampoco ha sido un nacionalismo centrípeto que pretendiera unificar comunidades de españoles sometidas a otras soberanías, pero sí ha presenciado el nacimiento de nacionalismos periféricos ​ Como ocurrió en cada uno de los otros casos, la identidad nacional y la misma estructura territorial terminó dando muy distintos productos; pero siempre, y en el caso español también, como consecuencia de la forma en que las instituciones respondieron la dinámica económica y social en ocasiones, a pesar de esas mismas instituciones, y sin acabar de presentarse en su aspecto contemporáneo hasta que no terminó el Antiguo Régimen. El factor de identificación más claro fue durante todo ese periodo el étnico-religioso, expresado en la condición de cristiano viejo. Al final del periodo siglo XVIII se fue acentuando el factor de identificación lingüístico en torno al castellano o español, con nuevas instituciones como la Real Academia Española.

                                     

1. Definición

Como ha destacado Xosé Manoel Núñez Seixas, "la autodefinición de nacionalista español no acostumbra a ser reconocida por quienes defienden y asumen que España es una nación, independientemente de su ubicación en el espectro político partidario, a derecha o a izquierda", lo que plantea un problema la hora de determinar si un partido, movimiento o ideología es nacionalista español, lo que no suele ocurrir entre los partidos y movimientos de los nacionalismos sin Estado - en el caso español los llamados nacionalismos periféricos - que se declaran abiertamente nacionalistas. ​

                                     

2. Historia

Históricamente el nacionalismo español surgió con el liberalismo y en la guerra contra Napoleón. ​ Incluso se ha incluido en los mensajes publicitarios la expresión "Gobierno de España", que antes no se utilizaba, para referirse al gobierno central o del Estado.

                                     

3. Nacionalismo y soberanía

Al igual que todas las monarquías europeas durante la crisis del Antiguo Régimen, el reino de España sufrió profundos cambios sociales y políticos entre finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, especialmente a partir de la invasión napoleónica. Las guerras napoleónicas transformaron toda Europa, haciendo surgir sentimientos nacionales donde antes no los había no se expresaban con el nuevo concepto identitario surgido en la Revolución francesa: el de nación como sujeto de la soberanía Sieyès. España no fue una excepción a esa nueva corriente nacionalista. Desde la guerra contra la Convención, la propaganda antifrancesa iba generando la idea de un enemigo exterior, que se concretó de forma evidente con la Guerra de la Independencia Española, aunque la adopción de las teorías y prácticas políticas del "enemigo" eran evidentes: la Constitución de Cádiz de 1812 no era en muchos aspectos menos "afrancesada" que la Constitución de Bayona de 1808, aunque la influencia de ésta en aquélla no fuera más que reactiva. ​

Sea cual fuere su génesis intelectual, la irrupción del totalitarismo en el nacionalismo español se efectuó con toda su fuerza en los años treinta del siglo XX; no tanto por el reducido aunque influyente Partido Comunista que no alcanzó más que parcelas compartidas de poder durante la Guerra Civil como por los movimientos opositores la Segunda República y por el Franquismo, cuya condición fascista o totalitaria ha sido siempre objeto de controversia, llegándose a proponer la utilización de los términos autoritarismo Juan Linz y fascismo clerical Hugh Trevor-Roper.



                                     

4. Nacionalismo y economía

En los nuevos estados-nación, se iban desarrollando unas nuevas colectividades interclasistas, homogeneizadas y codificadas de ciudadanos propietarios, habitantes de un espacio económico cada vez más abierto para el despliegue eficaz de las formas capitalistas. La insegura implantación del estado liberal en España fue paralela a las peculiaridades del proceso de industrialización fracasado para algunos autores, como Jordi Nadal ​ No obstante, durante las posteriores décadas de fuerte desarrollo planificado, el intervencionismo y el peso del sector público en sectores estratégicos de la economía siguieron siendo muy fuertes hasta la reconversión industrial de los años 1980 previa la entrada de España en la Unión Europea, ya en democracia y con el gobierno socialista de Felipe González; correspondiendo al gobierno conservador de José María Aznar las últimas privatizaciones.

                                     

5. Nacionalismo y lengua

La capacidad de la lengua como vehículo de identificación y construcción nacional es incluso anterior al nacionalismo del siglo XIX, y en el caso español la atribución de una intención en ese sentido suele remontarse incluso a 1492 por una famosa frase del autor de la Gramática castellana, Antonio de Nebrija: siempre la lengua fue compañera del imperio. ​

                                     

6. La construcción de la historia nacional

Siguiendo las tendencias de los estados liberales europeos, la práctica totalidad de la producción de la historiografía española hasta mediados del siglo XX se hizo desde una óptica nacionalista, construyéndose a partir de los segmentos, acontecimientos, datos, citas o textos que potencialmente tuvieran una coherencia nacional y que presentasen una significación por sí mismos, eliminando los elementos turbadores o incómodos para el encaje necesario en el devenir histórico de España como elemento unitario. Para ello disponía de precedentes bien antiguos, desde los textos visigodos y el corpus cronístico medieval, particularmente completo en los reinos de Asturias, León y Castilla, sin que faltaran tampoco materiales de los reinos orientales de la Península. La unificación de los reinos bajo la Monarquía Hispánica de la Edad Moderna trajo consigo una continuación del trabajo cronístico desde una perspectiva hispánica, en que tuvo un papel decisivo la aparición de la monumental Historia de España del Padre Mariana. Se institucionalizó el oficio de historiador, con las figuras del Cronista mayor, el Cronista de Indias y a partir del siglo XVIII la Real Academia de la Historia.

No era por tanto una novedad que se demandara de la historia una función ideológica, lo que ocurrió es que a partir del siglo XIX se centró en explicar y catalizar la realidad estatal y nacional explicitada desde la Constitución de Cádiz y proporcionar la necesaria cohesión social. Trató por tanto de hilvanar los hechos acaecidos en la península para corroborar una genealogía de España como nación, con un pueblo dotado, desde la más remota antigüedad, de una trayectoria vital común. La Historia se convertirá así en el soporte para construir el relato natural de España como nación.

No es concebible para esta metodología analizar los hechos históricos desde una visión plural, compleja ni - mucho menos aún - contradictoria con el punto de vista unitario. Fueron en gran parte obviados los procesos históricos rivales, las memorias alternativas que se irían construyendo desde los nacionalismos periféricos; pues de la misma manera tanto en el País Vasco como en Cataluña se desarrolló también el mito y la leyenda en torno a diversos personajes que debían encarnar la esencia de sus pueblos ancestrales que se hicieron remontar la antigüedad clásica o más allá. ​



                                     

7. Lemas acerca de la identidad nacional durante el siglo XIX

  • ¿Qué se debe a España?, fue preguntado por Masson de Morvilliers en la Encyclopèdie Methodique, 1782. ​ Miguel de Unamuno.
                                     

8. Militarismo y Regeneracionismo

Desde Riego hasta Martínez Campos, casi todo el siglo XIX está salpicado de periódicos pronunciamientos de los espadones que agrupaban detrás de ellos a los distintos partidos políticos. Fue la propia Guerra de Independencia la que suscitó el prestigio social de la vocación militar, la que llegaron gentes de todo origen hijos segundones antes destinados al clero, plebeyos que en una sociedad estamental cerrada no hubieran tenido tal oportunidad de ascenso social. Algunos de ellos Ferraz, Valdés recibían el mote de ayacuchos por haber participado en la Batalla de Ayacucho, o si no fue así como Espartero o Maroto, por al menos haber asistido al final de la presencia española en la América continental; ​

                                     

9. La Segunda República

La mayor parte de los partidarios de la Segunda República empezando por sus dos presidentes, Niceto Alcalá Zamora y Manuel Azaña no eran menos nacionalistas españoles que sus oponentes; y algunos, ni siquiera menos centralistas, como pudo observarse en los debates parlamentarios, en que José Ortega y Gasset acuñó el término conllevancia para designar la relación con los nacionalistas periféricos. ​

                                     

10. La Guerra Civil

El mismo uso del nombre de bando nacional que se dio a sí mismo el formado en torno a los militares sublevados en 1936 fue un activo propagandístico a su favor. ​ En cada una de las tomas de una población, se repetía el lema Entra España o Ya es España ; y se procuraba identificar todo lo posible al bando republicano no sólo con los rojos, sino explícitamente con una genérica Anti-España y concretamente con Rusia. Por su parte, la propaganda del bando republicano para referirse a sus opuestos, utilizaba la expresión fascistas apoyados por Alemania e Italia, y procuraba remarcar la utilización de moros como tropas de choque; pero por otro lado, sus mensajes siempre fueron muy internacionalistas no es casual que se eligiera el nombre de Brigadas Internacionales para las formadas por voluntarios extranjeros y procuraban utilizar el argumentario pacifista propio de la Sociedad de Naciones.

En el contexto de la guerra civil el bando sublevado emitía órdenes de corte ultrnacionalistas:



                                     

11. El Franquismo

La España que sale de la guerra civil es un Estado totalitario, como la Italia fascista o la Alemania nazi, sus aliadas, aunque no tanto como para no mantener una prudente neutralidad en la inmediata Segunda Guerra Mundial. Con gran realismo se renunció al sueño imperialista que pareció posible en algún momento, al menos para presentarlo a Hitler en Hendaya. ​ En cambio, los clubes vascos eran explícitamente puestos como ejemplo virtuoso al alinear únicamente jugadores españoles al ser de su localidad o así. El fútbol fue ampliamente utilizado como válvula de escape de tensiones sociales y territoriales Pan y fútbol, y como vehículo de identificación nacional.

En los últimos años sesenta y primeros setenta, en el final del franquismo, la España vertical de la posguerra quedaba muy lejos, incluso para los círculos más cercanos al poder.

                                     

12. La Transición

La inevitabilidad del final del franquismo quedó patente desde el asesinato por ETA de Luis Carrero Blanco 1973, a quien Franco acababa de nombrar presidente del gobierno cargo inédito en un sistema que hasta entonces acumulaba todo el poder en la cúspide. Los gobiernos de Carlos Arias Navarro últimos de Franco y primeros del rey Juan Carlos evidenciaron la incapacidad de la facción inmovilista llamada el búnker para mantener intacto el espíritu del 18 de julio, ​



                                     

13.1. La actualidad Fuerzas sociales

Una vez concluida la transición, las fuerzas sociales que anteriormente se denominaban poderes fácticos dejaron de gravitar de una manera tan obvia sobre la vida política, pero no dejaron de estar presentes, y su postura ante el problema de la definición nacional de España no deja de ser importante:

  • Las instituciones económicas - fundamentalmente la patronal CEOE y la gran banca, que se vio sometida a un proceso de concentración en forma de fusiones que la ha dejado reducida a dos grandes bancos, incluyendo la privatización y absorción de las instituciones financieras públicas efímeramente reunidas en Argentaria - han dejado claro en repetidas ocasiones su posición favorable al mantenimiento de la unidad nacional, incluso frente a "agresiones" económicas extranjeras en una coyuntura de expansión de las empresas españolas que se han convertido en multinacionales de mediano peso internacional. En alguna ocasión se ha llegado a explicitar el concepto campeones nacionales, es decir, de mantener empresas españolas de un tamaño tal que les permita competir eficazmente y protegerse contra la posible absorción por otras extranjeras. La principal tensión ocurrió con motivo de la opa hostil de Gas Natural ​ en una concepción del nacionalismo como patología similar la frase que se atribuye a Pío Baroja: